Sánchez adelanta las elecciones al 29-N: la movilización por la vivienda abre un escenario electoral imprevisible
Pedro Sánchez ha decidido jugarse la legislatura en las urnas. El presidente del Gobierno ha anunciado este lunes la convocatoria de elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre, apenas tres días después de que el Congreso tumbara los dos decretos sobre vivienda impulsados por el Ejecutivo con los votos en contra de PP, Vox y Junts.
La decisión llega, paradójicamente, en uno de los peores momentos demoscópicos de la izquierda, pero también en un escenario político que ha cambiado de forma brusca durante las últimas semanas. La crisis de la vivienda, las protestas y acampadas y el rechazo parlamentario a las medidas del Gobierno han devuelto a las calles a un sector de la sociedad que llevaba años mostrando claros síntomas de desmovilización.
Y ahí puede encontrarse una de las claves del adelanto electoral.
Las encuestas favorecen claramente a PP y Vox
Si las elecciones se celebrasen con la fotografía que ofrecen actualmente los sondeos, el escenario sería muy complicado para Sánchez.
El barómetro de octubre de Sigma Dos sitúa al PP en el 32,6% y 140 diputados, al PSOE en el 25,6% y 103, y a Vox en el 18,3% y 63 escaños. Sumar obtendría nueve diputados y Podemos apenas dos.
Es decir, PP y Vox alcanzarían conjuntamente los 203 diputados, muy por encima de los 176 necesarios para la mayoría absoluta.
Otros modelos ofrecen cifras algo diferentes, pero prácticamente todos los sondeos publicados antes de la convocatoria coinciden en una ventaja considerable del bloque formado por PP y Vox.
Sin embargo, existe una circunstancia fundamental: estas encuestas todavía no han podido medir plenamente el efecto electoral de los acontecimientos de los últimos días.
De la desmovilización a las calles
Durante buena parte de la legislatura uno de los grandes problemas de la izquierda ha sido la desmovilización de su propio electorado.
El problema para PSOE, Sumar o Podemos no ha consistido únicamente en votantes que hayan pasado directamente a PP o Vox. Una parte importante de quienes apoyaron anteriormente a formaciones progresistas se encontraba entre la abstención y la indecisión.
La crisis de la vivienda puede haber alterado ese escenario.
Las protestas surgidas durante las últimas semanas, con especial protagonismo de jóvenes afectados por el precio de los alquileres y la dificultad para acceder a una vivienda, han generado una movilización social que algunos analistas han llegado a comparar —salvando las enormes distancias— con el clima que produjo el 15-M.
No estamos ante un nuevo 15-M. Aquel movimiento fue mucho más amplio, transversal y cuestionó numerosos aspectos del sistema político y económico. Pero existe una semejanza que electoralmente puede resultar relevante: la incorporación a la política de personas que anteriormente permanecían desmovilizadas.
La historia reciente demuestra que ese fenómeno puede tener consecuencias profundas. Podemos nació años después del 15-M, pero buena parte de su espectacular crecimiento electoral se alimentó de aquel ciclo de movilización social. En las generales de 2015 llegó a superar los cinco millones de votos.
La incógnita ahora no es si aparecerá un nuevo Podemos, sino qué harán electoralmente quienes están volviendo a movilizarse.
Sánchez no necesita necesariamente quitarle votos a Vox
Ésta puede ser una de las claves para entender la convocatoria.
El objetivo del PSOE no tiene por qué consistir principalmente en convencer a votantes de Vox o del PP para que cambien de bloque.
Puede existir otro camino: movilizar a quienes pensaban quedarse en casa.
PP y Vox podrían conservar buena parte de sus actuales votantes y, sin embargo, perder porcentaje relativo si aumenta considerablemente la participación entre electores que anteriormente se inclinaban por la izquierda pero que habían decidido abstenerse.
Narciso Michavilla, presidente de GAD3, señalaba este fin de semana a RTVE precisamente que uno de los problemas de la izquierda estaba siendo la movilización y que el debate sobre la vivienda tiene capacidad para movilizar. El politólogo Pablo Simón introducía, sin embargo, una advertencia importante: trasladar automáticamente la movilización de la calle al comportamiento electoral sería un error.
Ésa será probablemente una de las grandes incógnitas del 29-N.
El voto joven será decisivo, pero no pertenece a ningún bloque
Las movilizaciones están teniendo una presencia juvenil considerable y la vivienda constituye uno de los problemas que afectan con mayor intensidad a las nuevas generaciones.
Eso podría favorecer una mayor participación electoral entre los jóvenes.
Pero existe un elemento que impide realizar una lectura automática: Vox también ha experimentado un crecimiento importante entre los electores jóvenes.
Por tanto, una mayor participación juvenil no significa necesariamente una mayor participación progresista. La cuestión fundamental será saber qué jóvenes se movilizan, cuántos estaban anteriormente decididos a abstenerse y hacia qué partidos terminan orientando su voto.
El voto útil puede reforzar al PSOE y debilitar a Sumar y Podemos
Existe además otra consecuencia posible del adelanto electoral.
La enorme polarización que previsiblemente marcará la campaña puede convertir las elecciones en una elección percibida por muchos votantes como una confrontación directa entre Sánchez y una posible mayoría PP-Vox.
Ese escenario puede favorecer el denominado voto útil.
Un elector que ideológicamente se encuentre más próximo a Sumar o Podemos podría decidir votar al PSOE si considera que es la opción con mayor capacidad para impedir una mayoría de PP y Vox.
Eso podría reforzar considerablemente al PSOE, pero también plantea un problema para el conjunto de la izquierda.
Sumar —que concurrirá bajo el proyecto Frente Amplio— y Podemos llegan a estas elecciones debilitados y separados. El sistema electoral español penaliza especialmente a las candidaturas pequeñas cuando sus votos están dispersos entre numerosas provincias.
Un partido puede obtener cientos de miles de votos en todo el país y convertirlos en muy pocos diputados.
Por eso la fragmentación del espacio situado a la izquierda del PSOE constituye uno de los mayores riesgos electorales para el bloque progresista: una cantidad considerable de votos podría terminar produciendo muy pocos escaños.
El adelanto ha obligado precisamente a estas fuerzas a acelerar sus negociaciones y estrategias electorales.
ERC, Bildu, PNV y BNG también cuentan
Otra simplificación habitual consiste en comparar únicamente PP y Vox frente a PSOE, Sumar y Podemos.
La elección del próximo Gobierno dependerá de 350 diputados y una mayoría absoluta situada en 176.
Si PP y Vox alcanzan conjuntamente esa cifra, podrán formar una mayoría sin necesidad de las fuerzas territoriales.
Pero si quedan por debajo, vuelve a entrar en juego una aritmética parlamentaria mucho más compleja.
ERC, EH Bildu, PNV o BNG podrían volver a resultar determinantes en una eventual investidura de Sánchez. Junts representa actualmente una incógnita mucho mayor después de haber unido sus votos a PP y Vox para tumbar los decretos de vivienda.
Por eso el verdadero termómetro de las próximas encuestas no será únicamente quién queda primero.
Será a qué distancia quedan PP y Vox de los 176 diputados.
La vivienda, convertida en campo de batalla electoral
Sánchez parece dispuesto a convertir la vivienda en uno de los grandes ejes de la campaña.
Los dos decretos rechazados incluían, entre otras medidas, la suspensión de determinados desahucios de personas vulnerables, mecanismos de renovación de contratos y otras actuaciones destinadas a intervenir sobre la emergencia habitacional.
PP, Vox y Junts votaron contra ambos textos.
El Gobierno puede intentar convertir ese rechazo en una pregunta política dirigida al electorado: si estas medidas no pueden aprobarse con el actual Parlamento, que sean las urnas las que decidan qué mayoría debe legislar sobre vivienda.
La oposición intentará, previsiblemente, evitar que toda la campaña quede encerrada en ese marco y devolver el debate hacia otros asuntos en los que considera vulnerable al Gobierno.
Comienza así una batalla no solamente por los votos, sino también por decidir de qué se habla durante las próximas ocho semanas.
Una apuesta contra las encuestas
Sánchez ha convocado elecciones desde una posición demoscópica claramente desfavorable.
Pero también lo hace en un momento en el que una parte de la izquierda ha regresado a las calles y cuando la vivienda ha desplazado parcialmente otros asuntos que dominaban anteriormente la agenda política.
Puede ser una oportunidad o puede convertirse en un grave error de cálculo.
Todo dependerá de una pregunta que todavía ninguna encuesta puede responder con garantías:
¿Las personas que se están movilizando en las calles acudirán también a las urnas el 29 de noviembre?
Si la respuesta es no, las actuales encuestas dibujan un escenario extremadamente complicado para Sánchez.
Si la respuesta es sí y una parte significativa de los abstencionistas e indecisos progresistas vuelve a votar, la campaña podría adquirir una dinámica diferente a la que reflejan actualmente los sondeos.
Y todavía existe una tercera incógnita: si esa movilización termina concentrándose alrededor del PSOE mediante el voto útil o se dispersa entre diferentes candidaturas de izquierda.
Las primeras encuestas realizadas íntegramente después de la convocatoria serán, por ello, mucho más importantes que las publicadas hasta ahora.
El 29 de noviembre no solamente se decidirá quién obtiene más votos.
También se comprobará si la movilización social surgida alrededor de la vivienda ha sido simplemente una protesta coyuntural o si, como ocurrió con otros grandes ciclos de movilización de la historia reciente española, la calle termina entrando también en las urnas.








