Vox dispara las hostilidades contra Ayuso y el PP: «Se acabó decir a todo que sí»

La negociación fallida de los presupuestos en la comunidad y el Ayuntamiento abre una nueva etapa para la derecha, con la relación muy deteriorada. El partido de Abascal advierte ya de que exigirán entrar en los gobiernos

Ignacio S.Calleja El Confidencial

El martes pasado, durante el Pleno en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith y Rocío Monasterio comparecieron juntos desde el Palacio de Cibeles. No es nada habitual que la dirigente de Vox visite las dependencias municipales, pero allí estaba junto a su compañero para lanzar un mensaje de unidad en un momento crucial, a cinco meses de las elecciones y tras tumbar los presupuestos en las dos Administraciones madrileñas. «Nosotros nos vemos a diario y coordinamos las políticas del partido con un mensaje único y con una dirección única, sin baronías ni batallitas personales», dijo el portavoz de la formación en la capital. Sus palabras, más allá de la crítica al PP, anticipan la campaña hostil que ambos emprenderán contra Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida antes de la cita con las urnas.

La negociación de las cuentas ha dejado al descubierto la estrategia de Vox para la inminente campaña. No tanto por la negativa a Almeida, que ya se produjo el año pasado, sino por la ruptura con Ayuso. La relación entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y Monasterio, fluida hasta hace bien poco, no es buena en este momento. Tanto es así, que ni siquiera hubo contacto antes de que la formación ultraconservadora tumbase definitivamente los presupuestos regionales. En Sol consideran que nunca quisieron alcanzar un acuerdo y que todo obedece a un plan de desgaste antes de los comicios.

Desde Vox, en cambio, niegan que exista una campaña premeditada y acusan al PP de forzar esta situación. Fuentes cercanas a la dirección del partido aseguran que nada de lo ocurrido habría pasado si Ayuso hubiera accedido a negociar e incorporar sus propuestas. «Rocío ya anunció su abstención, pero después se negaron incluso a debatir», explican a este periódico. Se refieren a la negativa del Ejecutivo autonómico de añadir las enmiendas que el grupo encabezado por Monasterio entregó fuera de plazo y su rechazo a catalogar enero como mes hábil en la Asamblea de Madrid. «No voy a intercambiar derechos y obligaciones por presupuestos», justificó la dirigente popular.

La formación liderada por Santiago Abascal apoyó en 2021 la investidura de Isabel Díaz Ayuso a cambio de nada y el año pasado votó a favor de sus presupuestos sin grandes contrapartidas. De hecho, la exigencia de derogar las leyes de género y LGTBI de Cristina Cifuentes ni siquiera se trató y sigue pendiente. Pero la negociación de los presupuestos ha supuesto un punto de inflexión. Vox ha puesto pie en pared y, en la línea de otros territorios, advierte ahora de que ningún apoyo será gratuito. «Se acabó decir a todo que sí», apuntan las mismas fuentes, que ponen como ejemplo el diálogo entre ambas fuerzas en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo comparten gobierno. La propia Rocío Monasterio ya dijo en una entrevista con El Confidencial, en la víspera del 2 de mayo, que esperaban «gestos de buena voluntad» para respaldar las leyes que el Gobierno tenía pendiente. Algunas ya han sido aprobadas.

Ortega Smith y Monasterio comparecieron juntos en el Pleno de Cibeles para lanzar un mensaje de unidad contra el PP tras tumbar sus cuentas

Foto: Isabel Díaz Ayuso y Rocío Monasterio, en la corrida goyesca del 2 de mayo. (EFE/Chema Moya)

A nadie se le escapa que la proximidad de las elecciones marcará cualquier movimiento los próximos meses. El Gobierno de Ayuso aún tiene pendientes nueve leyes en la Cámara madrileña y se prevé un duelo sin cuartel para capitalizar los temas enmarcados en la llamada guerra cultural, justo donde los discursos de la dirigente popular y de Vox más se confunden. Uno de ellos está dentro de la futura Ley de Patrimonio Cultural, que prevé la protección de la cruz del Valle de los Caídos, y que aún debe tramitarse. Sea como fuere, Vox reiterará la exigencia de otros lugares: entrar en los gobiernos.

Tensión en aumento

La realidad es que Vox, al margen de los presupuestos, ha disparado ya las hostilidades contra Isabel Díaz Ayuso y contra todo el PP. Hace meses que la tensión es palpable, con choques en temas muy delicados para el Ejecutivo como las residencias de mayores o la crisis sanitaria. Nada hace prever que la situación vaya a cambiar en los próximos meses, más bien todo lo contrario. El partido de Santiago Abascal, de hecho, utiliza sus canales de difusión para atacar a los dirigentes populares a cuenta de la ley Trans, uno de los principales caballos de batalla de la formación.

Foto: Ortega Smith y Almeida conversan en una imagen de archivo. (EFE/Mariscal)

En uno de estos mensajes acusan a la presidenta madrileña de «mentir a sus votantes» por no derogar la norma impulsada por Cristina Cifuentes en 2016, que consideran un calco de la aprobada ahora por Irene Montero. Entre las «aberraciones» de la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación destacan la autodeterminación de género, la vulneración de la presunción de inocencia, el permiso para que hombres trans participen en competiciones femeninas, la hormonación de menores y el adoctrinamiento escolar. Isabel Díaz Ayuso, no obstante, ya se comprometió a revisar algunos preceptos del texto, pero antes quería revisar el articulado estatal, que se aprobó el pasado jueves en el Congreso con el voto en contra del PP. 

La mayoría de las encuestas sitúa a Isabel Díaz Ayuso al borde de la mayoría absoluta, pero el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) abre la posibilidad a una negociación entre el PP y Vox. La macroencuesta sobre tendencias de voto autonómico, publicada el jueves, da a la presidenta de la Comunidad de Madrid una horquilla de entre 55 y 67 diputados, mientras que Rocío Monasterio obtendría entre 7 y 9. Así, si se cumpliera el pronóstico más elevado, la dirigente popular solo necesitaría dos escaños, pero si se diera el mínimo, ni siquiera tendría suficiente para la investidura.

La ofensiva es todavía más beligerante en el Ayuntamiento de Madrid. Hace más de un año que José Luis Martínez-Almeida está en la diana de Vox, situado en los márgenes del «consenso progre». Las restricciones de tráfico en la ciudad son el principal argumento contra el alcalde de la capital, que ya el año pasado denunció una campaña de desgaste con fines electorales. La proximidad del 28 de mayo ha intensificado esta sensación, con un tono muy bronco de Javier Ortega Smith contra él. Como el resto de la oposición, Vox va a por todas en Cibeles, convencido del mal momento del regidor popular. Y como en la Comunidad de Madrid, las acusaciones cruzadas de falta de voluntad política son el denominador común.

La comparecencia conjunta de Monasterio y Ortega Smith es una muestra de que la capital es una prioridad para la formación de Santiago Abascal. «Almeida y Ayuso hacen un Madrid de primera y de segunda, un Madrid solo para turistas y para quien se lo pueda permitir», dijo la portavoz en la Asamblea de Madrid. Sin presupuestos y sin grandes proyectos por delante, el inicio de 2023 será el inicio oficioso de la campaña electoral.

urbanmadridnews@gmail.com

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